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Por Esmeralda Arroyo
Hace un tiempo escuché una anécdota acerca de que había una vez un Señor que tenía una casa hermosa y un día decide venderla y este hace un contrato de compra venta, pero dentro del contrato había una cláusula muy particular… de toda la casa no podía vender una pared. El agente de ventas muy sorprendido, no podía entender lo absurdo de esto, y le pregunta “ pero Señor porque no puedo vender esa pare? En realidad usted sabe que esa pared es parte de la casa,.. y esto es imposible nadie va a aceptar esta cláusula.” El Señor insistía en que no podía vender esa pared ya que en esta pared había un clavo en el cual era de mucho significado para él, porque todos los días que llegaba a la casa cansado de trabajar en este clavo enganchaba una gorra. Y por lo tanto no podía vender la pared en la cual estaba el clavo. De esta forma como este Señor, cada uno de nosotros tenemos clavos que no deseamos vender ni entregar y rendir a nuestro Señor. ¿Qué clavo tienes, que no quieres (venderle) entregarle al Señor?
Agradamos en gran manera a Dios, cuando nos entregamos completamente a Él. Y ¿qué significa “entrega”? Según el diccionario de la Real Academia Española significa: “Ponerse en manos de alguien sometiéndose a su dirección o arbitrio”
“Declararse vencida”
En otras palabras entonces entrega significa rendirse. Y entonces ahora te preguntaras en realidad ¿qué es rendirse? Esto significa someterse, dedicarse, consagrarse.
Estas palabras de entrega y rendición conllevan una acción de nuestra parte, requiere una decisión de soltar nuestros propios pensamientos. Una de las mejores actitudes que podemos tomar en nuestra vida es rendirnos delante de Dios. ¿Cómo? Definitivamente a través de su palabra. Dios desea y anhela que te rindas a El por completo… Que permitas que El sea el capitán de tu barco, que El sea él la brújula de tu auto. Soltemos ya el volante del carro, no vas a tener un accidente, si es Dios el que lo maneja, El es el chofer por excelencia.
La entrega a Cristo, es un acto personal, es permitir que Jesús sea el dueño de tu vida, que mueras al yo, a tu orgullo, y a todo; y que tomes la Cruz, y en otras palabras, que te pongas en las manos del Espíritu Santo.
Cuando te rehúsas al pecado que reina en tu vida definitivamente vas a paso a la victoria de la rendición.
En la carta a los Romanos capítulo 6:12-13 Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos. No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia.” (NVI)
¿Que pide Dios? Nos pide verdadera obediencia. A veces vivimos tan enajenadas de todo, que no nos damos cuenta de lo mucho que Dios nos ama, y queremos controlarlo todo en nuestra vida y sabes qué ese es el momento que perdemos de perspectiva el verdadero significado de la entrega a Dios.
Hay varios obstáculos en nuestra vida que bloquean nuestra entrega y rendición a Dios por completo entre ellos podemos mencionar algunos por ejemplo:
Ø El orgullo (“Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce.” Lev. 26:19)
Ø La desconfianza (Mi vida entera está en tus manos; líbrame de mis enemigos y perseguidores. Salmos 31:15)
Ø El temor (No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. Mat 10:28)
Orgullo
Entiendo y reconozco que la parte más difícil de entregar y rendir a Dios es nuestro orgullo. Nos creemos autosuficientes. Es tanto así que cuando que aún en nuestra conversión a Cristo, nunca entregamos el 100% a Dios. Decimos, OK gracias Dios pero yo trabajo con esto, Tú encárgate de esto otro… wow! que ilusas podemos llegar a ser, le restamos poder a Dios. Cuando escuchamos o leemos una enseñanza lo primero que pensamos… eso no es para mí, eso es para aquél o aquella que si tiene este problema, es esa persona la que tiene que mejorar, pero yo no, yo estoy bien. Nuestro orgullo está arraigado tan fuerte a nuestra carne, que ni siquiera podemos reconocer que necesitamos de Dios, que Dios desea que nos rindamos a El por completo. Dejar el orgullo, es obedecer completamente a Dios, aún cuando muchas veces te sientas ridículo haciéndolo.
Desconfianza
Muchas veces nos preguntamos: “En realidad puedo confiar en Dios?”. Tal vez de momento tú me digas! NO, yo nunca he desconfiado de Dios!”, jamás yo te cuestionaría esto. Muchas dicen: “Yo no cuestiono a Dios porque es pecado… Porque El es el dueño de mi vida…” amén eso es completamente cierto. Entonces, ¿porque le tenemos miedo a depender de Dios en nuestra vida? Te tengo una noticia, no puedes confiar en Dios hasta que lo conozcas mejor. ¿Cómo lo podemos conocer mejor? Habla con El, es tu mejor amigo. Relaciónate con El, esta es tu vida devocional.
Temor
El temor impide que nos entreguemos; pero lo más rico de esto es que el amor echa fuera el temor, la Biblia declara: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” 1 Juan 4:18. Algunas tal vez se preguntaran: ¿Cómo yo sé que Dios me ama? ¿Cómo puedo estar segura de esto? Mujer, deseo comunicarte que Dios te ama en todo momento, en cada instante, simplemente en algo tan sencillo como cuando tienes la oportunidad de despertar cada día, sabes esto no es un rutina de Dios, El te permite que logres despertar a un nuevo día, El cuida de ti, de tu vida, de las pequeña cosas que tal vez para ti parezcan insignificantes en ese momento, pero Dios te esta amando en esos instantes. El temor a la entrega muchas veces nos hace pensar que somos insignificantes. En tu vida tienes que entender que eres muy importante para el Señor, aunque para ti parezca lo contrario y pienses que estás sola. No temas, de entregar a Dios todo. Entrega la desconfianza a Dios. Confía El está contigo.
¿Qué áreas de tu vida aún hoy no le has entregado a Dios? ¿Es tu orgullo? ¿Son tus temores o es tu desconfianza? Recuerdas la anécdota que comencé contándote la del Señor que no quería vender una pared de la casa por la importancia que tenía ese clavo… ¿Que clavo tienes en tu pared, que no deseas (venderle) dejarle al Señor?
Dios quiere que nos entreguemos libremente, sabes que Dios no te obliga a nada. Porque El es un caballero. El no intenta doblegarte a ti ni tu voluntad, el desea atraerte a sí, para que tu puedas rendirte por completo a El, y haciéndolo tendrás la verdadera libertad y serán echados fuera todos tus temores. Entrega por completo a Él los siguientes clavos: tu orgullo, tus temores y tu desconfianza.
Por: Esmeralda Arroyo
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