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Por Esmeralda Arroyo
En el libro de Génesis capítulo 29:16-35 nos relata una historia muy particular sobre dos hermanas Raquel y Lea. Lea una mujer de ojos delicados, y era la hermana mayor, pero Raquel era de hermoso parecer y fue de ella de la cual Jacob se enamoró. Ya desde ese preciso instante Lea se sintió menospreciada por su parecer. El padre de Lea, Labán prácticamente la vendió. Jacob tuvo que trabajar siete años para ganar a Lea. Además, Labán engañó a Jacob, pues este deseaba casarse con su hermana Raquel; pero si sigues leyendo en todo este capítulo aún siendo Lea, a la que Jacob menospreció fue de ella que nacieron la mayoría de los hijos. Hoy deseo recordarte que Dios, va a convertir tu vergüenza, tu afrenta, tu situación, tu defecto (según crees tú) en vehículo de bendición para otros y otras. Lea no pudo quitarse todo el menosprecio y dolor por sí sola, sino que fue Dios quien lo realizó en su corazón. El fue que la amó en su infinita misericordia, y la vio en su corazón. Fíjate en un detalle importante de esta hermosa historia, no fue Raquel, sino Lea, la que dio nacimiento a Judá y con ello al antecesor de la madre de Cristo. Resulta interesante que no importa el tiempo que Dios conlleve, te sanará para que te sientas feliz contigo misma. Tú debes tener la convicción en tu corazón de quien eres realmente para Dios. El no ve las cosas con los mismos ojos que los seres humanos. Hay dos clases de belleza: la belleza que Dios da al nacer, y que se marchita como una flor y la belleza que Dios nos concede cuando en su gracia nacemos de nuevo. Esta clase de belleza no se marchita, sino que florece eternamente.
Recientemente he conocido a muchas mujeres que tienen muchas quejas acerca de ellas mismas y de alguna parte de su cuerpo que les desagrada, en definitiva como mujeres muchas veces caemos en llegar a ser desconformes con todo nuestro ser y deseamos ser perfectas, tal como el mundo te enseña. Las imágenes que muestran las revistas y hasta la televisión, no siempre son correctas, ya que si observas en muchas revistas, puedes ver pieles, cabellos y cuerpos perfectos… pero deseo informarte hermosa mujer, que en realidad en computadora se pueden arreglar y poner tantas cosas… así que lo que ves no necesariamente es perfecto.
Se me han acercado mujeres a dejarme saber que se han realizado diferentes cirugías en su cuerpo para lograr la perfección anhelada y ser felices con ellas mismas, pero al final aunque lograron una supuesta perfección en su cuerpo, aún se siguen sintiéndose vacías y mal con ellas mismas, y luego desean otra cirugía de esto o aquello, y nunca llenan su verdadero vacío y no se sienten felices con ellas, mismas. La felicidad no proviene de tu cuerpo, de tus ojos o de tu apariencia física, proviene de tu corazón, de saber y sentirte realizada en Dios, entendiendo quien eres para El. Te invito a que hoy le pidas a Dios que te ayude a entender tu valor e identidad, que tu pasado en el cual fuiste rechazada y menospreciada, no sea el que continúe creciendo en tu alma. Dios es nuestro Padre, el cual te da, a ti una identidad única, para que puedas ser feliz contigo misma debes colocar tu vida en las manos del Señor.
Esmeralda
Categories: Para ti mujer, Mujer hermosa, Identidad
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